En Takoga no hay piezas apuradas. Cada encargo sigue un orden pensado para que el barro seque, aguante el torno y salga del horno con la textura que buscas. Aquí te contamos qué ocurre desde que escribes hasta que la pieza llega a tu casa.
Revisamos el uso que le darás: vajilla diaria, tazones para servir, florero decorativo o un regalo con fecha fija. Según eso elegimos una arcilla local con la plasticidad adecuada y definimos el tono crudo.
Las piezas se levantan a mano en el torno alfarero. Después vienen días de secado controlado, cubiertas con plástico para que la humedad salga parejo y no se deformen los bordes.
Horneamos a temperatura de bisque, dejamos enfriar el horno por completo y revisamos cada pieza. Aquí se notan las uniones, las posibles grietas finas y si la base quedó bien nivelada.
Aplicamos engobes con pigmentos minerales y esmaltes de baja temperatura. La segunda cocción define el color final y la textura mate o brillante. Es el paso donde la pieza muestra su carácter.
Limpiamos la base, revisamos que no haya bordes filosos y verificamos que el esmalte interior no tenga poros. Las piezas se empacan en cajas con papel kraft y se entregan en el taller o coordinamos la recogida.
Si tienes una fecha límite, avísanos al inicio. Las piezas personalizadas necesitan al menos dos semanas entre el modelado y la entrega, porque el secado y los horneados no se pueden apurar sin que el barro se resienta. Para conocer más sobre los materiales que usamos y cómo cuidar tu vajilla, visita nuestra guía de recursos.
El taller trabaja en tandas cortas y cada encargo sigue un orden fijo. Esto es lo que puedes esperar desde que escribes hasta que la pieza está lista para recoger.
Primero hablamos de tu idea: forma, uso, tono y acabado. Si es una vajilla, calculamos cantidad y ritmo de producción. No hay urgencia, el barro no se apura.
Amasamos y dejamos reposar la arcilla local hasta que tiene la consistencia justa. Este paso evita bolsas de aire y grietas durante el torneado.
Cada pieza se levanta en el torno o se modela a mano. Las series cortas se hacen una a una, por eso aunque pidas varios tazones, cada uno conserva su propia huella.
Las piezas secan al aire, cubiertas con plástico para que la humedad salga parejo. Después se pulen los bordes y se revisa que no haya imperfecciones.
Horneamos a temperatura de bizcocho, luego aplicamos engobes y esmaltes de baja temperatura. Los pigmentos minerales reaccionan distinto en cada horneada, así que el color final siempre tiene matices.
La segunda quema fija el esmalte. Cuando el horno enfría, revisamos cada pieza: sonido, superficie, estabilidad. Si algo no cumple, se repite sin costo adicional.
Una pieza pequeña puede estar lista en dos semanas; una vajilla completa o un encargo con decoración especial toma entre cuatro y seis. Si tienes una fecha límite, avísanos al inicio y ajustamos el ritmo sin sacrificar el secado ni la cocción.