Cada pieza que sale del taller sigue un camino propio. No trabajamos con moldes industriales ni apuramos los tiempos de secado, así que conviene saber qué esperar antes de hacer tu pedido.
Me cuentas para qué la quieres: una vajilla para la casa, un juego de tazones para un regalo o un florero que combine con un rincón puntual. Definimos forma, tamaño aproximado y el tipo de acabado que te imaginas.
Con la arcilla ya amasada y sin burbujas, centro el bloque y levanto la pieza. Es el momento donde la forma cobra cuerpo; si algo no convence, se corrige antes de que pase a secado.
La pieza reposa varios días hasta perder la humedad por completo. Después va al horno en una primera cocción que la deja porosa y lista para recibir la decoración.
Trabajo con pigmentos minerales y engobes preparados en el taller. Aplico capas finas, dejo secar entre una y otra, y reviso que el color quede parejo antes de la segunda quema.
La segunda quema fija el esmalte y le da a la pieza su textura definitiva. Al sacarla del horno la reviso pieza por pieza: bordes, base y acabado interior. Si algo no quedó bien, se vuelve a intentar.
Atención directa del taller
Si tienes una pieza en proceso, quieres cambiar la fecha de un taller o simplemente necesitas una orientación sobre qué arcilla usar, puedes escribirnos por el formulario o llamar directamente al taller. Respondemos de lunes a sábado, generalmente el mismo día si escribes antes de las 4 de la tarde. Para consultas sobre pedidos personalizados, ten a mano la referencia que te enviamos por correo al confirmar el encargo.